La decisión que cambió nuestra vida.

Hace seis años nuestra vida cambió. No hubo un accidente ni una enfermedad grave ni un evento muy traumático. Simplemente tomamos una pequeña/gran decisión: decidimos ser los dueños de nuestras vida. Dejamos gran parte de lo que teníamos y lo que hacíamos y nos dedicamos a hacer lo que más nos gusta: viajar, escribir, fotografiar y hacer magia.

Nada fue fácil (ni lo es). No sé si estábamos muy seguros de lo que queríamos para nuestras vida, pero sabíamos muy bien lo que no queríamos.

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No queríamos que los días fueran todos iguales e intrascendentes. Queríamos irnos a dormir cada noche con algo del día que valga la pena recordar. Todas las noches, cuando Dino se va a dormir, piensa en lo que hizo ese día y trata de diferenciar lo que valió la pena. Él lo hace a la noche mientras concilia el sueño, pero otros lo hacen, por ejemplo, durante el día y escriben en un papel la acción/encuentro/momento/sentimiento que vale la pena recordar y lo colocan en un frasco de vidrio que al inicio de cada año está vacío. Si tus días no tienen muchos de esos momentos, si no sabés que escribir en esos papeles, algo anda mal.

¿Alguna vez hicieron estos ejercicios?
Se los recomiendo.

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No queríamos renegar de cada lunes y esperar ansiosos cada viernes. Nuestra vida no podía basarse en esperar el fin de semana. Queríamos que todos los días fueran cualquier día. Que podamos elegir nosotros cuándo sentirnos de “fin de semana”.

No queríamos formar una familia y no tener tiempo suficiente para estar con nuestro hijo.

No queríamos arrepentirnos de no haber intentado ir por nuestros sueños.

Y como no queríamos nada de esas cosas decidimos tomar esa pequeña/gran decisión.

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En 2009 éramos una pareja de clase media de la Ciudad de Buenos Aires, con 34 y 39 años. Una edad en la que las cosas ya suelen estar encaminadas y donde los cambios se viven de manera más intensa. Simplemente porque suele haber un cimiento más fuerte que cuesta más abandonar. Ya sea desde lo material (uno suele tener más cosas para dejar) o desde lo sentimental (uno suele tomar conciencia de sentimientos que a más corta edad no aparecen).
Nuestros estudios universitarios (ingeniero en sistemas, Dino, y profesora de geografía social y periodista, Aldana) nos permitían trabajar de nuestras profesiones. Teníamos un pequeño departamento, un auto y nuestros sueldos a fin de mes. Sabíamos cuánto ingresaba por mes y era más fácil planificar lo que queríamos hacer con ese dinero. Casi todo nuestro dinero estaba destinado a viajar. Siempre nos gustó viajar. Desde 1999, año en que nos conocimos, todos los veranos hacíamos algún viaje. Todo el año ahorrábamos con ese fin. Era un ahorro intenso. Nada de salidas caras ni ropa ni peluquería. Solo gastábamos en lo más básico. Pero los viajes que podíamos hacer eran cortos, del tiempo que duraban nuestras vacaciones laborales. Cada regreso era un drama y siempre nos quedábamos con gusto a muy poco.

Entre esos viajes, hubo uno que nos marcó más de la cuenta. Fue a China. Cuando volvimos Dino no era el mismo. Su agotamiento laboral estaba en aumento día a día y, al mismo tiempo, se iba reflotando ese deseo adormecido de vivir viajando. Un sueño que tenía desde pequeño, desde que decidió no tener nunca un jefe. Ese sueño era como el de muchos: salir a recorrer el mundo sin fecha de retorno (su eterna definición de libertad). Eso implicaba volver porque queríamos volver y no porque teníamos que volver.

Se fueron dando una serie de acontecimientos que nos llevaron a tomar esa pequeña/gran decisión. (Pueden escuchar la charla TEDx donde hablamos de esas señales y acontecimientos)

Nada fue muy fácil en el camino. Las voces de que estábamos locos y de que ya éramos grandes para hacer eso se levantaron como un huracán.
Pero si solo le hacemos caso a nuestros deseos y todos los días nos preocupamos por realizar pequeñas acciones que nos lleven a nuestro objetivo, la recompensa al final es muy grande.
Esa pequeña/gran decisión que tomamos una tarde nos permitió vivir de una manera mucho más cercana a lo que consideramos que es como queremos vivir. Una decisión que empezó con algo muy pequeño y que generó otras cosas muy grandes.
Esa tarde de julio de 2009, sentados a la mesa de casa, conversando sobre lo que se venía, no nos imaginamos todo lo que después fue Magia en el Camino:
Un blog de viajes que nos permite estar en contacto con muchísimas personas que nos acompañan y que son parte fundamental de toda esta “locura”.

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Un viaje de 18 meses por Asia y América.
Un viaje de 3 meses por África.
Un viaje de 7 meses por Europa, como familia viajera.
Muchos viajes “cortos” entre los que mencionamos antes.
Muchos kilómetros recorridos a dedo.
Muchos otros recorridos en transporte público.
Muchas amistades en el camino.
Muchas historias para contar y compartir.
Mucha solidaridad de quienes nos cruzábamos.
Un proyecto educativo-mágico que dejó su granito de arena y que llenó de sonrisas a miles de personas alrededor del mundo.
Un libro, que realizamos de manera independiente, “Magia es Viajar”, con el que nos seguimos financiando.
Muchas presentaciones del libro.
Un hijo, Tahiel, que nos cambió la vida, la forma de viajar, las prioridades y todo lo que se les pueda imaginar, pero que rejuveneció a Magia en el Camino y nos convirtió en Familia Viajera.

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¿Y cómo con esta decisión nos vamos a financiar? 

Esa era la gran duda para salir sin fecha de retorno la primera vez. Teníamos algunos ahorros, vendimos el auto, alquilamos nuestro departamento para cubrir los gastos que dejábamos en la ciudad, pero faltaba lo más importante. Si no teníamos fecha de retorno no sabíamos cuánto podíamos gastar por día de lo que llevábamos ahorrado. Por lo tanto había que generar dinero en el camino. Y esa es la clave.

¿Se puede vivir viajando? Sí, generando dinero en el camino.

Cuando le pregunté a Dino cómo íbamos a hacerlo me respondió: “con la magia”.

Yo me empecé a reir.

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¿Con la magia? Dino había empezado a estudiar magia hacía unos años como una forma de escapar a su rutina que lo estaba ahogando. Como los lunes eran el peor día de la semana, había decidido ir a un curso de magia el lunes a la noche para tener un incentivo que le permitiera levantarse de la cama ese día. Si bien ya hacía un tiempo que estudiaba no lo veía como mago.

Sin embargo, me sorprendió. Hizo magia en todos los países que visitamos. En nuestro primer viaje largo cambiábamos noches de hotel por shows de magia y pasábamos la gorra. En los siguientes, se presentaba en los bares y restaurantes para hacer magia de cerca, también a la gorra. Se animó a hacer shows callejeros y hasta lo contrataron para cumpleaños y comuniones. Con los años fue dejando el ingeniero en sistemas que era y se transformó en mago.
La magia pasó a ser fundamental en nuestras vidas. Tanto que apenas unos días después de haber iniciado el primer gran viaje nos dimos cuenta que no solo era una herramienta de financiamiento, sino que era una herramienta de conexión increíble con la gente de todo el mundo. Esa fue la semilla de nuestro proyecto social: llevar magia a la mayor cantidad de rincones del mundo para “arrancar” sonrisas.

Pueden ver de qué se trata nuestro proyecto y todo lo que hicimos aquí y disfrutar de este video en África.

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En mayo 2010 emprendimos el viaje sin fecha de retorno. El primer año recorrimos algunos países de Europa y varios de Asia (incluido un mes por la ruta transiberiana, sudeste asiático, China, India y Sri Lanka).

De mayo a noviembre de 2011 viajamos a dedo desde Venezuela hasta la Argentina. En el camino presentamos el proyecto educativo-mágico.

Después de esos seis meses de viaje por Sudamérica volvimos a Buenos Aires por unos meses y realizamos algunos viajes por Argentina (San Luis, Puerto Madryn, Rosario) y países vecinos, presentando el proyecto.

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A fines de 2012 viajamos por tres meses a África (Sudáfrica, Botswana, Mozambique y Swaziland), a dedo. Nos presentamos con la parte mágica del proyecto. Hicimos magia a los bosquimanos, magia a los chicos en la calle, magia en una reserva natural, magia en el interior de una iglesia sincrética, etcétera. Fue de las mejores experiencias con la magia.

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Durante el 2013 y 2014 ocurrieron dos grandes acontecimientos. Tuvimos dos hijos. Uno se llama Tahiel y es nuestro bebé/nene de 2 años. Muchos vieron en su nacimiento el fin de Magia en el Camino, pero nada más lejos de eso. Magia en el Camino se renovó, con su nuevo integrante, quien además de dar consejos para viajar “con padres” escribe su propia columna.
El segundo hijo es de papel y se llama “Magia es Viajar (vivencias alrededor del mundo)”. El libro es totalmente independiente y el objetivo es poder financiar los proyectos sociales y todo lo que implica Magia en el Camino. El libro cuenta cómo fue tomar la decisión que nos llevó al cambio de vida y hace un recorrido por historias de viajes llenas de emociones. Además, hay espacio para la reflexión, las fotos, los mapas y, por supuesto, la magia. Un libro que muestra la solidaridad de la gente del camino. Pueden leer más de qué se trata acá.
A fines de 2014 y principios de 2015 nos presentamos con nuestro proyecto por algunas provincias de la Argentina. Empezamos por Córdoba y lo tuvimos que suspender por un accidente automovilístico.

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Desde mayo a noviembre de 2015 hicimos el primer viaje largo, con mochilas, como familia viajera, por algunos países de Europa, incluidos algunos de los países de los Balcanes, como Eslovenia, Croacia y Bosnia-Herzegovina. Fue una experiencia muy linda, pero cansadora, donde aprendimos muchas cosas y las compartimos en el blog. Una de las cosas que más nos costó fue cambiar el “chip viajero”. Después de viajar en pareja por 16 años, hacerlo con un nuevo integrante que es totalmente demandante, requiere mucho esfuerzo y paciencia. Algo de eso cuenta Aldana en este link.

Si no hubiéramos tomado esa pequeña/gran decisión hace seis años, nada de lo que dicen los últimos párrafos hubiera sucedido.

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A veces me cuesta contar nuestra historia sin caer siempre en lo mismo. Pero después pienso que todas estas historias hablan de lo mismo. De gente que un día se animó a soltar las ataduras y parte de su comodidad y decidió ir por sus sueños. No importa cuál sea tu sueño, lo importante es que intentes cumplirlo. Como dice Joaquín Sabina:

“No hay nada peor que añorar lo que nunca, jamás, sucedió”

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Ahora tenemos 45 y 40 años. Seguimos con Magia en el Camino como familia viajera. Seguimos con nuestro proyecto social. Estamos planificando el segundo libro para que salga en unos años. Tenemos muchos proyectos en mente, pero para algunos estamos esperando que Tahiel tenga unos años más. Nada es fácil. Cada paso o decisión que tomamos nos cuesta más de lo que nos gustaría, pero seguimos firmes. Sabemos que las cosas se logran con esfuerzo. Y lo más importante es que cada vez que nos preguntamos si nos habremos equivocado en tomar esa pequeña/gran decisión hace seis años, nos respondemos que no. No nos arrepentimos de esa decisión. A pesar de las dificultades seguimos sintiéndonos libres. Hablo de “sentirnos” libres, porque creo que nadie es libre del todo, siempre estamos atados a algunas cosas, aunque sea a sentimientos. Por eso, lo importante para nosotros es poder sentirnos libres y seguir con lo que más nos gusta: viajar, escribir, fotografiar y hacer magia. Y ahora, de a tres.

Magia en el camino

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