Los 10 años viajando de la brújula

Una década de viajes, casi 50 países, y un extenso currículum viajero tiene esta chilena que sueña con el mundo desde que nació…

Yo no me acuerdo porque era demasiado pequeña. Pero que te cuente tu familia que nunca te gustaron los juguetes, pero sí los mapas y globos terráqueos; y que no te interesaban los dibujos animados pero sí los documentales y las revistas National Geographic, me hace mucho sentido.

Nací con este bichito viajero bien metido adentro. Desde siempre me gustó la historia, la geografía, el arte, la sociología, la antropología y los idiomas. Pero nunca me conformé con que me lo contaran…yo quería estar ahí, verlo con mis propios ojos, pisar la historia, y ver cómo vivía la gente de otras culturas.

Después uno crece, y se va amoldando a un sistema que te hace creer que viajar es un lujo de gente adinerada, que cuando seas grande, tendrás responsabilidades, que nadie puede vivir viajando y que el día que trabajes sólo tendrás 2 cuotas semanales de descanso al año.

El “estudia, trabaja, cásate, ten hijos y cuando crezcan, disfruta tu vida” nunca me convenció. Eso de “la vida real es dura y sacrificada” tampoco. Y remar a contra corriente y ser fiel a tus creencias y filosofía de vida, me costó incluso amistades.

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Me negué rotundamente a aceptar un trabajo de porquería sólo por la plata, y me aterraba la idea de terminar como tanta gente que conozco: frustrada, con sus sueños postergados y una gruesa venda en los ojos que no te hace ver que la culpa fue siempre tuya y no de terceros… y esa ceguera te hace creer que tu vida así está bien, para qué probar cosas nuevas si es taaan peligroso y arriesgado, cuando el único gran riesgo y peligro es vivir en piloto automático, sin cuestionarte nada, caer en esa rutina donde el odio los lunes/amo los viernes son tu mantra semanal… No gracias!

Soñaba con una vida fuera del molde, viajar por largas temporadas, y ojalá algún día, trabajar desde cualquier rincón del planeta. Algo en mi interior me decía que la vida era hermosa, que el mundo no era tan terrible como lo pintaban los medios, y que con amor y pasión, se pueden llegar a hacer grandes proyectos y hazañas.

Mi primer viaje importante, en soledad y de varios meses fue por Europa hace ya 10 años, conocí el norte de África y me perdí en el Sahara bajo una lluvia de estrellas fugaces; volví al viejo continente, navegué el Caribe y el adriático, y cuando el amor llegó a mi vida, me tocó conocer el que es hasta ahora, mi continente favorito: Asia. Tras casi un año de transitar rutas orientales, nos fuimos a vivir a Canadá gracias a la working holiday visa y ahí sí que me cambió el switch para siempre. Mis últimas huellas las dejé en alguna parte de Usa, Brasil, Colombia, Argentina, Chile, Perú y Bolivia.

Vengo de un país donde los viajeros escasean, se trabaja demasiado, se consume mucho y se invierte poco en uno mismo. Nuestra cultura asocia los viajes largos a “persona vaga” “hijito de papá que le auspicia el round the world” o “pobrecita, de algo debe estar escapando ella”…nos falta mucho para entender esto como un estilo de vida, y que la gente deje de comparar los viajes con las vacaciones. Me ha costado un mundo hacerme entender, explicar que cada viaje es como un master en cultura intensiva, me han tachado de irresponsable, egoísta, inestable y esquizofrénica. Pero como siempre me importó bien poco el qué dirán, decidí hacer mi camino, ser feliz, buscar mi rumbo e ingeniármelas para hacer de mi vida, un viaje alucinante.

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Hoy, después de casi 50 países, 4 continentes, 12 bitácoras y un blog de viajes lleno de experiencias, y de haber vivido y trabajado en un país con otro idioma, puedo asegurar ciegamente que nada es imposible, y que viajar como mochilero te sale muchísimo más barato que quedarte en casa.

Dejar mi agradable zona de confort no fue nada fácil, pero me atreví a dejar lo bueno, para ir tras lo grandioso. Viajar recuperó mi fe en la humanidad, me hizo comprender que la incertidumbre e inestabilidad también están presentes en una vida tradicional, y que ese futuro incierto del que tanto me advirtieron, es hoy un presente maravilloso que no cambiaría ni loca por un auto o una casa propia (a menos que ese auto sea una combi). El viaje abre tu mente porque no hay perspectiva sin distancia; y no hay mejor forma de derribar prejuicios y patriotismos, que conociendo varios mundos y filosofías de vida. Creo que el mundo es demasiado grande y hermoso como para quedarse en un solo lugar para siempre, y viajar te permite encontrar TU lugar en él, y así, poder vivir donde te sientes conectada, creativa, feliz y realizada, en vez de vivir en ese rinconcito donde te tocó nacer, como si fuese una obligación impuesta.

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Hoy, viajo para vivir y vivo para viajar…y jamás imaginé que esta vida nómade me llevaría por caminos ligados a la fotografía y la escritura. Hoy escribo mis historias y me pagan por ello. Soy consultora de viajes de una agencia no tradicional, creada por otros grandes viajeros, y traviajo como guía de turismo en los rincones más hermosos de Chile y Argentina. En otras palabras, logré llevar a cabo un plan que todos me hicieron creer que era imposible: crear una entretenida rutina cuando estoy en modo no viaje, sin depender de horarios demenciales, jefes y oficinas, y así, ganarme la vida traviajando, para poder seguir viajando.

Centroamérica, Oceanía, Islandia y Africa oriental son sueños que aún, no me dejan dormir.

Pamela Martínez,  La Brújula

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